Siete cámaras de seguridad y antenas de móvil, claves para resolver crimen de Pinto

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POR: 

GERMÁN CORCHO TRÓCHEZ
EL HERALDO publica testimonios, imágenes y otros detalles inéditos de la investigación que esclareció el homicidio del director regional de Medicina Legal, Eduardo Pinto Viloria.
Un retraso de cinco minutos bastó para que se derrumbara el plan con el cual se pretendió hacer ver que el asesinato del director regional de Medicina Legal, ocurrido el 4 de mayo pasado en el suroriente de Barranquilla, fue el desenlace de un asalto. 
La demora fue provocada por el pinchazo de una llanta del taxi usado para transportar a los sicarios, quienes no llegaron a tiempo a la residencia de Eduardo Pinto Viloria y su esposaDayana Jassir De la Hoz, para interceptarla a ella y a su chofer, Johan Beltrán Ulloque, cuando abordaban el auto en el que viajarían a La Guajira, como estaba acordado.
El desperfecto del vehículo abrió un boquete que fue notado por la Fiscalía y la Dijín: la interceptación del taxi al Kia ‘Stylus’, placas IRY-418, que debieron improvisar el conductor de los esposos Pinto y los matones.
Lo que no previeron los homicidas del funcionario forense fue que el momento en que un vehículo ‘cruza’ al otro, fue grabado por las cámaras de seguridad de una carnicería ubicada en una de las aceras de la vía Cordialidad con carrera 6.
Las imágenes fueron recolectadas por investigadores de la Dijín asignados a este caso, que, al revisarlas, observaron que las imágenes no concordaban con las versiones que Beltrán y Jassir habían dado inicialmente.
Distintas hipótesis 
Eduardo Enrique Pinto Viloria, de 34 años, nació en el corregimiento Los Remedios, zona rural del municipio Albania (La Guajira). Se graduó como médico en la Universidad Metropolitana, en Barranquilla. 
Su trayectoria incluyó la máxima autoridad forense, a la que había ingresado 8 años atrás. “Descolló mucho en su trabajo, fue una persona muy activa, por eso al poco tiempo ascendió a ser director seccional La Guajira (2012 y 2013)”, recordó el día del crimen Carlos Valdés Moreno, director nacional del instituto.
A la jefatura de la oficina regional de Medicina Legal llegó en 2014, cargo que ocupó hasta su homicidio, registrado la madrugada del 4 de mayo en el segundo piso de su vivienda, localizada en la calle 46 # 18-61, barrio Cevillar.
La historia conocida desde el sábado de la semana pasada, tras las informaciones reveladas en las audiencias contra tres coautores del homicidio, entre ellas los señalamientos que dos de ellos hicieron contra Jassir, y la captura, el lunes, de la viuda bajo sospecha de que fue la determinadora, estuvo entre las hipótesis planteadas desde un principio en la indagación.
“A raíz del aspecto especial en que ocurrió el homicidio, como quiera que la víctima gerenciaba un cargo especial, se trazaron varias hipótesis”, aseguró el martes el fiscal 26 de la URI, Carlos Newball Rodríguez, en la audiencia de imputación de cargos a Jassir, luego de ser capturada.
Los primeros interrogantes que los periodistas hicieron a las autoridades se encaminaron a saber si el crimen estaba relacionado con la labor de Pinto, pero las respuestas fueron negativas. Tampoco había registro de amenazas, ni de algún riesgo extraordinario porque la regional estuviera apoyando investigaciones delicadas.
“No, de ninguna manera; nunca manifestó que tuviese amenazas o alguna preocupación. Esperamos que no sean los motivos su propio trabajo. No podemos, en este momento, plantear hipótesis, ni tampoco descartarlas”, contestó Valdés en una rueda de prensa que ofreció en la sede de Medicina Legal en Barranquilla.
Sin embargó no transcurrió siquiera un mes cuando los investigadores ya habían descartado las teorías relacionadas con el trabajo del funcionario y se enfocaron en la posible participación de su asesinato de personas allegadas a él. 

Versión poco creíble 
La desconfianza en las autoridades fue notoria en las primeras declaraciones del general Gonzalo Londoño Portela, comandante de la Policía Metropolitana. “Según ella (Jassir) manifiesta, por un requerimiento de un supuesto dinero que ellos debían tener”. O que el homicidio, por cómo se dio, “es un caso extraño”.
La reconstrucción preliminar que la Policía dio a conocer a los medios de comunicación, con base en las entrevistas a Jassir y Beltrán, tenía vacíos:
“En momentos en que la esposa del fallecido sale con destino a La Guajira en un vehículo que ella contrata; luego de varios minutos de recorrido, es interceptada por dos sujetos que se movilizaban en un vehículo de transporte público, quienes la regresan a su residencia. Según ella manifiesta, por un requerimiento de un supuesto dinero que ellos debían tener”.
En las audiencias, el fiscal Newball resumió así esas mismas versiones: que fueron obligados a regresar a la vivienda donde Jassir pernoctaba con Pinto y obligada a hacer una llamada a su esposo, le manifiesta que se le habían quedado algunos documentos, que abriera la puerta para de esa manera ingresar las personas armadas, reducirlos a todos y cometer un presunto hurto.
“Toda vez que, de acuerdo a sus versiones, ellos (los asesinos) señalaban todo el tiempo que querían un dinero que estaba en una caja y, como consecuencia de la actitud de su esposo, procedieron a ultimarlo con arma de fuego”, agregó el fiscal.
Pero las autoridades no entendían, por ejemplo, cómo dos supuestos asaltantes de casas siguieran patrones delincuenciales distintos y, contrario a lo que suele suceder, no ingresaron a la vivienda y sorprendieron a las víctimas durmiendo, para luego amordazarlas. O que, después de días de rondas por el sector y analizar las rutinas de las personas, decidieran cuándo interceptarlas a su salida de la casa.
Otra incongruencia saltó a la vista por la manera en que fue hallado el cuerpo de Pinto: acostado boca abajo en su cama nupcial, con las manos amarradas y tres balazos en la espalda.
La conclusión de la necropsia al cadáver fue la siguiente: muerte a consecuencia de las lesiones producidas por proyectiles calibre 38, en número de tres, disparados con arma de fuego, que ingresaron por la espalda, del lado derecho e izquierdo; lesionaron de manera múltiple órganos vitales como los pulmones, el diafragma, el corazón, laceraron el hígado.
No menos suspicaz fue para las pesquisas que en la habitación se encontró una almohada con tres agujeros, lo cual indicaba que los asesinos habían optado por usarla como una especie de silenciador y aminorar así el estruendo de los disparos.
Un investigador del caso explicó que “lo habitual en un caso de hurto es que el ladrón actúe por instinto, conforme a la situación y no muestre planificación en su accionar; es decir, cuando una persona es asesinada durante un hurto, lo que menos se espera uno es toparse con que los disparos los recibió de una manera calculada”. 
Cámara de la tienda situada en la calle 46 con carrera 18, capta a los dos sicarios cuando son recogidos por el taxi, después de haber matado a Pinto.
7 cámaras clave
Agentes de la Dijín, apoyados por el CTI de la Fiscalía, capturaron el jueves de la semana pasada al chofer Beltrán Ulloque, en Los Nogales, sector del norte de Barranquilla; y en El Pueblito, en el suroccidente, al taxista Miguel González Reales y Jesús Gutiérrez Arrieta, alias Chucho, uno de los dos sicarios.
Los arrestos de los tres fueron legalizados la tarde del mismo día, en la sala 15 del Centro de Servicios Judiciales, por el juzgado penal municipal ambulante contra bandas criminales (bacrim).
Las otras dos audiencias de imputación de cargos y de solicitud de medida de aseguramiento, se celebraron el viernes y el lunes. En la segunda, Beltrán, González y Gutiérrez aceptaron su participación en el crimen y se anunció que preacordaron con la Fiscalía sus allanamientos a cargos, a cambio de ser condenados a 19 años de prisión.
No obstante, antes de que finalizara la comparecencia de los tres ante el juez, un grupo de uniformados de la Dijín capturó a Jassir, bacterióloga, de 34 años, cuando llegaba al complejo judicial para seguir presenciando las vistas públicas contra los detenidos. Fue presentada horas más tarde en audiencia de legalización de capturas.
La viuda terminó involucrada porque en un interrogatorio que rindió el domingo 26 ante el fiscal, Beltrán aseguró que “la idea de matar a Eduardo nació” de ella, y la responsabilizó de haberle dado parte del pago de $2,9 millones acordado con los sicarios.
Al día siguiente, martes, le fueron imputados los delitos de concierto para delinquir agravado y homicidio agravado, de los cuales se declaró inocente. El miércoles, Newball solicitó detención intramural contra ella, y el jueves, el juzgado anunció su decisión de acoger la petición y ordenó su reclusión en la Cárcel Distrital para mujeres El Buen Pastor, donde permanece.
En esas diligencias, el fiscal Newball pormenorizó paso a paso cómo empezó a desenmarañarse el caso cuando la Dijín y el CTI se dieron a la tarea de saber cómo los asesinos habían llegado a la residencia de los Pinto.
Para eso fueron revisadas entre 63 y 69 cámaras de seguridad, tanto de establecimientos comerciales como del sistema de seguridad de la ciudad, ubicadas a lado y lado de La Cordialidad, una de las vías más transitadas en el sur y con gran afluencia comercial.
En este caso, bastante cierta resultó la frase publicitaria “vale más una imagen que mil palabras”, pues en este hecho fueron más valiosas las imágenes que mostraban los videos de las cámaras de seguridad, que las narraciones de dos de las supuestas víctimas del presunto robo que acabó en homicidio.
Del total de dispositivos cuyas grabaciones de la madrugada del 4 de mayo fueron analizados, siete le aportaron información útil a las pesquisas. El contenido fue revelado en las audiencias contra los tres hombres y la esposa de Pinto, en las cuales quedó claro que la cámara con el testimonio digital de mayor peso es la que funciona en una carnicería de La Cordialidad con carrera 6.
También resultó importante la cámara de una tienda situada en la calle 46 con carrera 18, esquina de la casa del crimen, que captó cuando los dos sicarios son recogidos por el taxi, después de haber matado a Pinto. 
Los dos carros se estacionan, sin que el taxi intercepte al Kia, contrario a lo manifestado por el chofer y Jassir.
Sin interceptación 
Contrario a lo dicho por Beltrán y Jassir, el video muestra que el taxi no interceptó el auto Kia conducido por él, y en el cual ella iba sentada en el asiento del copiloto. “El taxi no lo intercepta como tal, sino que lo adelanta para más adelante disminuir la velocidad y él (Beltrán) disminuye la velocidad”, sostuvo el fiscal.
Chucho y Ñeco, por el contrario, bajan con tranquilidad del taxi. Uno de ellos llega a la ventanilla de Beltrán, el otro sube al vehículo por la puerta detrás de Jassir y el primero, por la otra, a espaldas del conductor. Luego se ve al taxi marcharse y el Kia hace un giro prohibido (en ‘u’) en plena Cordialidad, y se devuelve a la casa de Pinto.
Un trabajador de la carnicería dio su testimonio de lo que vio a las 3:22 de la madrugada:
El 4 de mayo llegué al local como de costumbre, como a la 1:40; luego llegaron mis compañeros a la media hora. Ya eran como las 3:20 cuando vi que un taxi ‘zapatico’, marca Hyundai, frenó, y más atrás llegó un carro gris y frenó, sin ningún problema, y se orilló bastante en la terraza de una ferretería”.
Del taxi se bajaron dos tipos: uno era moreno, con pelo achinado, de contextura gruesa, y tenía un jean azul y una camisa de cuadros amarillo con verde; al otro tipo no lo pude ver bien, pero sí vi que cuando ellos se bajaron del taxi no sacaron armas, al contrario, las guardaron en las pretinas y se montaron en el carro gris sin ninguna discusión, ni amenaza, se embarcaron en la parte de atrás”.
El trabajador alcanzó, incluso, a observar que en el asiento de copiloto iba una mujer. “Como mona, tenía blusa blanca, era un poco gruesa, de pelo mono y le vi bien la cara. El carro lo iba manejando un tipo moreno”.
Y hasta se atrevió a contar su percepción de la escena que presenció. “Yo creía que los del carro gris habían atracado el taxi, porque no vi ninguna reacción de miedo entre los que se bajaron del taxi y los que estaban en el vehículo gris. No hubo discusión, ni amenaza, todo lo contrario: parecía que ellos estaban esperando a los del taxi, porque fueron directamente a montarse sin ningún obstáculo, ni problema”.
El investigador que le recibió la declaración, insistió en preguntarle si vio a los dos hombres que descendieron del taxi apuntarle con armas a quienes estaban en el carro gris. “No, no hubo ningún tipo de resistencia. Le recuerdo que pareciera que los estaban esperando”, repitió el testigo.
Otras cámaras permitieron la identificación de la placa del taxi, lo cual coincidió con lo advertido por 10 informantes anónimos que establecieron contacto con la Dijín. Un perito del laboratorio de fotografía y video forense de la Policía extrajo la placa de las imágenes de cámaras, con lo que se corroboró que eran UYS-232.
La Fiscalía pidió entonces la autorización a un juez para una búsqueda en las bases de datos de la Secretaría de Tránsito de Barranquilla y las empresas de taxis de la ciudad. Así dieron con el registro del taxi ante la empresa Taxi Prado SAS, que proporcionó el nombre del conductor y su número de celular: Miguel Ángel González Reales. 
Jassir negó llamadas 
El número celular de González facilitó aún más la identificación y el seguimiento a los presuntos autores materiales del crimen.
En un nuevo requerimiento, la Fiscalía obtuvo permiso para que las empresas Tigo, Claro y Movistar informaran qué abonados telefónicos habían sido utilizados entre las 3 y 4 a.m. del 4 de mayo, en la zona recorrida por el taxi: de la calle 46 con carrera 18, esquina de la casa de Pinto, hasta La Cordialidad con carrera 6, donde se encontraron los dos automóviles.
“Vaya sorpresa, lo primero que encontramos es que el día de los hechos, a las 3:11, en la antena que pega en la residencia del doctor Pinto, se hizo una llamada del abonado de Johan a Miguel”, dijo el fiscal Newball.
Ello significó que Beltrán contactó al taxista un minuto antes de que llamara a Jassir, para avisarle que ya estaba esperándola frente a la entrada de la casa.
Una nueva llamada quedó registrada a las 3:17 a.m., de Beltrán al taxista. A esa hora, Jassir De la Hoz salió del inmueble y abordó el Kia. Lo que sucedió a continuación, fue dado a conocer por el fiscal en las audiencias contra la viuda, así:
“En su ampliación de entrevista, usted nos señaló lo siguiente: Cuando yo me subí al carro, lo encontré (a Beltrán) hablando por celular, yo alcanzo a escuchar que le dice a una persona que ya va subiendo, que ya estaba despierto; yo le pregunto si había más pasajeros, me dice sí, pero no pregunté más, solo que por dónde íbamos a salir y me dijo que por la Circunvalar”.
En esa entrevista que Jassir dio el 18 de mayo, 14 días después del homicidio, Newball le interrogó: ¿Antes de que los cerraran, Enrique (Beltrán) habló por WhatsApp o algo así? “No, él no recibió más llamadas. No sé si habló por WhatsApp”, respondió la mujer. 
La respuesta negativa, a criterio de la Fiscalía, es señal de que la bacterióloga negó un hecho que ocurrió. “Eso no es cierto porque el registro es claro que se realizaron una serie de llamadas entre Johan y algunos de los miembros de la banda, a las 3:17, 3:21, 3:24 y 3:25”.
Con las evidencias que ha recopilado la Fiscalía y la Dijín, además de otros indicios en proceso de verificación, la teoría que han estructurado las autoridades sobre el asesinato es que Dayana Jassir De la Hoz entabló una relación sentimental con Beltrán, en busca de un cómplice que le ayudara a matar a su marido.
Ese cómplice habría sido el chofer, quien ofreció disculpas públicas ante los medios y en audiencia a los familiares del médico guajiro. “Fui utilizado”, afirmó en una intervención que quedó grabada en audio y ya hace parte del paquete de evidencias contra la mujer. 
Las hipótesis sobre ese interés, indicó una fuente que trabaja en el caso, se tejen alrededor de uno de los dos seguros de vida que la víctima había adquirido por $300 millones, debido a su labor, con la aseguradora La Previsora.
Después de que EL HERALDO reveló el martes la existencia de las pólizas, el abogado Deivis Barraza Rudas, defensor de la viuda, le restó importancia a esa posibilidad. “El seguro de vida estaba a nombre de Dayana y de la mamá del señor Eduardo Pinto. O sea, que no se puede hablar de 300 millones de pesos que quisiera ganarse, sino de 150 millones de pesos”. 
Así identificaron al taxi utilizado en el plan criminal 
1. Placa en la puerta trasera, lado izquierdo, ubicada en ambos vehículos en el mismo sitio. 2. Calcomanía blanca pegada en el vidrio pequeño de la puerta izquierda trasera 3. Ambos tienen parrilla y conservan la misma forma. 4. Ambos tienen el protector de las puertas delantera y trasera, lado izquierdo, en la misma posición y altura

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