La señalada viuda asesina de jefe de Medicina Legal

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Eduardo Pinto Viloria, un médico experto en peritazgo de cadáveres, murió hace 60 días víctima de un truculento crimen similar a los que él investigaba como jefe de la seccional Caribe de Medicina Legal.
La madrugada del 4 de mayo, el hombre, un moreno guajiro de 34 años, recibió tres disparos de revólver en su espalda, en presencia de su esposa, el conductor de confianza y amante de la mujer y ‘los Ángeles’, una banda de sicarios de Barranquilla, con varios muertos encima. 

Dos de los tres gatilleros y el amante fueron capturados la semana pasada, y hace 72 horas, el turno fue para Dayana Jassir de la Hoz, la viuda, a quien la Fiscalía señala como el cerebro del macabro homicidio.
La mujer, bacterióloga de 34 años, es la auditora de uno de los contratos de raciones de comida para niños de La Guajira, departamento en donde la conocen por ser una de las herederas de un comerciante de Maicao, de origen sirio, que murió en octubre del 2015 dejando una fortuna cercana a los 5.000 millones de pesos.
Demacrada y compungida, Jassir asistió a las audiencias en las que les imputaron cargos a los capturados y allí mismo se le empezó a desmoronar la versión que dio sobre el crimen de su esposo, con quien se casó en el 2008.
En pleno Centro de Servicios Judiciales, su chofer y amante, Johan Enrique Beltrán Ulloque, le gritó: “Vas a ver que hasta tú vas a resultar enredada”. Y luego declaró que “la idea del crimen nació de ella”. 
Además, admitió que hubo tres intentos fallidos para matar a Pinto. En uno de ellos Beltrán llamó al sicario y le dijo: “Dele ya, quiero oír los aplausos”, refiriéndose a los tiros. En otra llamada les insistió matarlo en el gimnasio, pero ellos se negaron: “El camellito por donde tú lo quieres es un suicidio porque hay muchas cámaras”.
Viuda y conductor les aseguraron a las autoridades que Pinto Viloria murió víctima de un robo, una coartada casi perfecta. En efecto, la residencia de los Pinto estaba revuelta y faltaban 900.000 pesos y un arma que el médico heredó de su suegro.
Además, Pinto y Jassir aparentaban ser una pareja estable e incluso tenían proyectos conjuntos. Planeaban alquilarle a la Fiscalía un lote de 10 hectáreas, en el sector del Ferry de Barranquilla, parte de la herencia de la mujer. Y aunque el médico tenía un seguro por 300 millones de pesos, la herencia es superior. De hecho, estaba encargado de pagar 120 millones de pesos en impuestos para liberar otros predios que debía repartir con hermanos de Jassir que viven en Venezuela”, dice un investigador.
Pero las contradicciones en las que empezaron a entrar la viuda y el conductor levantaron las sospechas de los investigadores de la Dijín.
Ambos dijeron que el día del crimen habían salido rumbo al aeropuerto a eso de las 2:30 de la madrugada, como lo hacían cada mes para que Jassir viajara a La Guajira a supervisar la entrega de alimentos a los niños.
Agregaron que unos sujetos en un taxi los habían cerrado en la vía y los obligaron a regresar a la casa. Allí, forzaron a la mujer a engañar al médico para que abriera la puerta y luego lo amarraron y acribillaron.
Pero ni siquiera recordaban la cuadra en la que fueron supuestamente interceptados y cuando Beltrán –chofer público de profesión– la ubicó, a la Dijín le llamó la atención que estuviera al lado de una estación de Policía.
Celular y retiros
“Recogimos videos de 72 cámaras de seguridad, reconstruimos el recorrido y descubrimos que fue en otro lugar la supuesta interceptación. Además, que él paró voluntariamente detrás del taxi en donde venían los sicarios y les permitió subir”, explica un investigador.
Jesús Antonio Gutiérrez Arrieta, alias Chucho, uno de los sicarios, le dijo al juez que era evidente que la mujer sabía lo que pasaba y que ella fue quien sugirió cómo hacer que su marido los dejara pasar: “Lo llamó y le dijo: ‘Amor ábreme que se me quedaron unos papeles’ ”. 
Pero la evidencia que terminó por enredarla fue un celular clandestino que le había regalado a su amante para que se comunicara solo con ella. Quien habló por primera vez del aparato fue Érika León, la exesposa del conductor.Dijo que cuando se lo descubrió a Beltrán mientras se duchaba, decidió abandonarlo de inmediato.
Además, de fotos íntimas y de la propuesta de que tuvieran un hijo, la Dijín halló mensajes relacionados directamente con el crimen: ‘Contacta a esta persona: 301...’.
El teléfono que Jassir dictó resultó ser el de un sujeto que los llevó a alias Chucho. Además, se documentaron tres retiros bancarios que el conductor hizo de la cuenta de la viuda para pagar 2 millones 900.000 pesos de los 3 millones de pesos que les cobraron por el crimen.
El nexo entre la viuda y Beltrán fue confirmado por su padre, Enrique Beltrán. Buscó a la Policía y le dijo que ella lo acosaba. De hecho, allegados creen que le regaló el Kia Stylus 2015, en el que la movilizaba.
Beltrán manejaba un bus, pero lo estrelló; luego, una camioneta van a la que se le fundió el motor y de pronto, pasó de conducir un Hyundai Elantra, modelo 1996, al Kia último modelo”, dijo el investigador.
Y aunque la Fiscalía ya tiene la evidencia para condenarlos, aún falta una ficha: Alberto Mario Cabrera, ‘Ñeco’, al que acusan de apretar el gatillo. Al parecer, huyó hacia Malambo, en donde vendió el arma.
Los capturados aceptaron cargos y buscan beneficios. La viuda, sin embargo, lo único que acepta es que era amante del ahora principal testigo en su contra. Su defensa dice que su único delito fue ser infiel y que demostrará que el crimen fue urdido por el chofer. Pero todo indica que ella pasará los próximos 40 años en prisión (ver recuadro).
‘Su única falta fue ser infiel’: defensa
Deivis Barraza, abogado de Dayana Jassir de la Hoz, asegura que su defendida es inocente, que es una funcionaria que nunca ha sido involucrada en delitos y que la única falta que cometió fue haber sido infiel.El abogado asegura que Johan Enrique Beltrán Ulloque fue quien se obsesionó con ella y que para quedarse con la viuda y con la fortuna mandó matar a Eduardo Pinto.
Además, que su clienta no tienen garantías porque el juez del caso ya dijo que se trata de un crimen pasional. Pero la defensa del conductor dice que existen testimonios y prueba técnica que probarán que lo que su cliente dice es cierto. De hecho, con esa colaboración, él y los sicarios le apuntan a una condena de 19 años de cárcel. Por el contrario, la mujer, de resultar culpable, afrontaría una pena de 40 años de prisión por homicidio agravado y concierto para delinquir.
UNIDAD INVESTIGATIVA

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