La lenta espera de Luis Alonso Colmenares

Tomado de http://www.elmeridianodesucre.com.co/

Por Beatriz E. Diegó Solano. SOLO PIDO JUSTICIA..... NADA MÁS!!! es el pie de la foto de un joven moreno y de amplia sonrisa en un fondo pálido y etéreo y con actitud ganadora, premonitoria. Es de la cuenta de Twitter @lcolmenaresr, de un contador y profesor universitario, pero no es el joven de la foto, de unos 20 años.
Con 36 mil seguidores, los mensajes están cargados de rabia y solidaridad, pero él no puede responderles porque murió en la Noche de Brujas de 2010 en Bogotá. El cuerpo lo hallaron en el canal del barrio El Virrey. 
Su padre, Luis Alonso Colmenares Rodríguez, abrió la cuenta. Es consecuencia de un fenómeno nacional que generó la muerte de ese estudiante de la Universidad de los Andes. Un caso que puso a los medios de comunicación a dedicarles horas, a abogados connotados (dos exfiscales, entre ellos) a enfrentarse, pero, lo más delicado, a desentrañar los conceptos de familia, fraternidad, dinero, poder, influencias y más en este contradictorio país en valores y moral.
Luis Alonso Colmenares es un guajiro de gran energía, ahora más emotiva y sicológica. Más joven se ve en persona, más enojado en fotos. Se comporta como maestro, no solo como el encargado de la causa de develar lo que llevó a su hijo a la muerte que, hasta ahora, es violenta y la causaron golpes, pero aún no se sabe de quién o quiénes.
Lo último del caso es que Laura Moreno, una de las indiciadas, no pudo con tutela lograr que sacaran su nombre del texto del fallo del Tribunal Superior de Bogotá que determinó que se trató de una muerte violenta. Para la familia de Luis Andrés, este fallo, cuatro años después de la muerte, es una victoria, pero no hay sonrisas.
Colmenares padre fue contador y subcontador general de la República y trabajó en la Contraloría, entre otros cargos públicos. Conoce al Estado y por eso no dudará enfrentarse a él, si es caso, como el que sabe lo que ha lidiado. Es atractivo para los medios, que en su mayoría han sido solidarios, y no faltan los que afirman que si no fuera por ellos el caso habría tenido otro rumbo. 
Él asiente, espera a la justicia con ojos de dolor profundo, en una condición que no se sabe qué es: ¿qué nombre tiene el que se le muere un hijo?
Habló con EL MERIDIANO antes de las clases que dicta en Cecar, como en posgrados de 20 universidades del país. Es símbolo del dolor de un padre. Su verbo es energía, obsesión y dolor, pero también equilibrio. Uno de sus alumnos organizó el encuentro.
¿Desde cuándo es docente? 
Es una pasión. Siento como que me corre por la sangre eso de compartir mis conocimientos. Estoy en la docencia desde el año 1993. Me dedico de una manera muy comprometida. Al principio, más o menos unos dos años en pregrado en la Universidad Central, de donde egresé como contador público. En adelante todo el tiempo en posgrado en el área de la gestión financiera pública, que tiene una explicación. Para mi fortuna, cuando ingresé a la facultad, al mismo tiempo me vinculé a la Contraloría General de la República. La labor de control en el área financiera me marcó en mi desempeño. A partir de entonces mi formación posuniversitaria se ha concentrado en la gestión financiera pública y en eso me desempeño en varias universidades, en 20.
Viaja mucho...
Sí señora. Tengo clases hasta el 19 de diciembre. Cada vez me sucede cuando voy a terminar un programa: salgo de mi casa con un sentimiento de nostalgia porque ya es la última clase y eso me da a mí (silencio) me afecta bastante, porque me comprometo mucho con los compañeros que son profesionales, como yo, con un criterio distinto. Paso a Cali, a la Universidad del Valle, en la Maestría en Políticas Públicas. Allí voy a estar 4 fines de semana y con eso termino el 19 de diciembre. Asumo que voy a salir el 20 de vacaciones para la casa, para Villanueva, con mi familia. 
¿Se va siempre para su Villanueva? 
Siempre, toda la vida. En Bogotá nunca hemos estado en 30 años un 24 ni un 31 de diciembre. El día que me quieran matar que me esperen por Aguachica que voy a estar pasando por allí (risas). Desde que mataron a Luis no volvimos a Villanueva en carro, que se va en una niñera, viajamos en avión por recomendación de la Policía, por seguridad. Es un trayecto muy largo. Básicamente, por no reconstruir ese camino que siempre lo hicimos los cuatro y Luis era el que conducía (silencio). Él conduce carro desde los 16 años. Salía de Bogotá, se ponía su sombrero, tenía como 10, le gustaba mucho el vueltiao, sus gafas oscuras y como era alto y más o menos fornido, porque era muy atlético, daba la sensación de mayoría de edad y nunca tuvo problema. Además, era muy serio, muy correcto y cumplido y atendía las normas, nunca le cruzaba alterar ninguna norma de tránsito ni nada. Entonces eso nos daba mucha confianza. De ahí para acá es una situación complicada, difícil, sobre todo para mi esposa. Ella no quiere volver a hacer ese trayecto en tierra, más nunca, pues no es capaz, es rememorar todo eso. 
Sus estudiantes lo quieren mucho... 
Es más bien el compromiso que tengo de entregar mi conocimiento de manera precisa, y algo que critico mucho: no es impedir aprender sino promover enseñar. Desde el principio distensiono el curso. Conmigo el tema no es cuál es la cáscara que voy a poner, sino la inquietud que hay que resolver.  
En entrevista del 8 de octubre, cuando el Tribunal Superior de Bogotá confirmó que fue muerte violenta, dijo: "Hago un llamado a los amigos de mi hijo..."
Observo ahí desde el comienzo que ha habido una falta de solidaridad en decir lo que conocen, pero es una ironía porque al mismo tiempo hay solidaridad con las personas que están vinculadas. Lo que busco es plantear: ¿cuál es el problema en que digan lo que corresponde?. Porque una cosa sí tiene que quedar clara: en esto no voy a descansar hasta que ya haya justicia en todo y quiere decir que todos los que han tenido que ver con el crimen de mi hijo de manera directa e indirecta tienen que responder a la justicia. Todos, y eso los incluye a ellos. Tanto los incluye que lo que dice el Tribunal (Superior de Bogotá) en la última decisión es que a mi hijo lo golpearon de una manera brutal varias personas. Alguien tuvo que haberse dado cuenta porque había varias personas dándole golpes y los tiene en distintas direcciones. En mi cabeza no cabe que ninguno de ellos no sepa, al menos de palabra, qué fue lo que pudo haber pasado, porque no era fácil que hubiera quedado desconocido para ellos. Estoy atendiendo lo que dice el doctor Jaime Lombana, que conduce el procedimiento jurídico de esto, pero mi querer hubiera sido que el mismo día o al siguiente estuviera poniendo una denuncia contra todos ellos, porque tienen que venir a decir qué fue lo que pasó, porque tienen que saber. 
Trata mucho con la juventud, pero ¿ha perdido confianza en ella porque en efecto son 3 jóvenes los implicados?
Uno no deja de lamentarse. Bien es cierto que a nivel de posgrado se encuentran por lo general personas adultas que tienen su plan de vida de alguna manera resuelto. Se trata de gente que sabe en qué está y qué busca con la formación que está recibiendo, pero independientemente hay un criterio de académico, de enseñanza, de guía. Utilizo mucho esa actitud y me valgo de esos criterios y hago una invitación a ellos. Te voy a decir algo, lo reconozco para mí, no lo voy a dejar de lamentar por el resto de mi vida: he traicionado a mi idiosincrasia (guajira), soy consciente, porque si hubiera sido de otra manera este crimen en mi tierra, el mismo día o al día siguiente, ya hubiera estado resuelto. He querido proceder de manera civilizada siendo coherente con lo que le he dicho a la cantidad de gente que he tenido en frente desde el año 93. Mis estudiantes nunca me perdonarían un proceder brutal. 
¿Esa 'solidaridad' qué le denota? 
Algo tiene que haber, una tergiversación de los valores, una interpretación adversa de lo que efectivamente debe ser el sentido de solidaridad. Te voy a contar algo: uno de los mejores amigos de Luis en ese momento en la universidad está con ellos. Estaba en la fiesta. Es alguien con el que Luis desarrolló un sentido de solidaridad para ayudarlo a salir adelante en sus estudios, porque no era sobresaliente, más bien rezagado. Luis lo asumió como responsabilidad personal y estudiaba con él. Somos vecinos, vivía enfrente. ¿Y de qué me entero? Tú puedes creer que sea posible entender que ese muchacho llama al papá a decirle que Luis está desaparecido, que parece que se hubiera caído al caño y el papá lo que le dice es: ¡cuidado te vas a meter en ese caño! ¿cómo es posible? Eso no lo puedo entender de una persona.  
¿Cómo se ha comportado el Estado? 
Es lo que yo busco siempre dárselo a entender a la gente: uno se desespera. ¿Qué hubiera querido? Que este tema ya se hubiese resuelto y las responsabilidades se hubieran determinado. Pero hay que entender que hasta el criminal más grande de la humanidad tiene derechos. Sobre eso hay una situación superior y es que se trata de un ser humano y soy garantista de eso. Hay que entender ¿quién lleva a cabo la justicia? Personas, seres humanos. No es el único caso. Busco también al interior de mi familia transmitir un poco de calma y tranquilidad. Esto hay que sobrellevarlo, tener perseverancia, no claudicar. Se lo digo a mi familia: lo importante es seguir, mantenernos hasta que todo este tema quede por completo resuelto. Hay que atender los tiempos conforme son, sobre la base de criterios formales. En el fondo hay un planteamiento relacionado con la fe y las convicciones que uno tiene. 
¿Cree en las instituciones colombianas? 
Sí, lo que pasa es que eso lo llevan a cabo personas. Ahí hay dos cosas, lo he repetido un millón de veces, dos cosas en las cuales nosotros no podemos perder nunca la confianza: creo en Dios y confío en la justicia y eso guía nuestros procederes. No nos gusta entrar a discutir esas cosas. Esa es nuestra convicción, independientemente de la fe que cada quien tenga. Lo que no acepto es que se metan en la mía. 
Este caso lo ven como un hito ¿qué observa hasta ahora? 
Me queda complicado emitir un criterio objetivo. Te lo planteo primero sobre esto. Ahorita que veníamos en la carretera, venía conversando con el que conducía taxi. Veíamos a dos señores en una moto, y el de la parte de atrás traía sobre sus piernas un bebé, y de un momento a otro empiezo a notar movimientos que le hacía la criatura como de reanimación. Ahí nos dimos cuenta de que en efecto que el niño venía enfermito. Empezamos a seguirlo y el señor del taxi me dijo: si cruza a la derecha, allá en el Diomedazo, está enfermo el niño y van para el hospital y efectivamente así fue. Al verle esa desesperación le dije al señor: no joda, es que uno por la única persona que haría lo que fuera es por un hijo. Es para decirte que Jaime Lombana es un abogado supremamente reconocido en este país y por sus relaciones. Si te dijera que no conocíamos a Lombana y si supieras que es abogado nuestro porque él solicitó que le diéramos el poder porque estaba viendo que nos iban a atropellar y pasar por encima y eso a él le dolía. Luego me invita a su casa para explicarme las razones por las que asumió nuestra defensa y fuimos un fin de semana. Me llevó a una habitación, toca y era la del hijo. Me dice: mire, doctor Colmenares, la razón fundamental para que me solidarice con ustedes es mi hijo, porque quiero, discúlpeme y permítamelo, así me lo dijo, que con base en esta situación que ustedes están viviendo mi hijo aprenda que tiene que saber escoger sus amigos. De ahí para acá él no ha tenido límites para apoyarnos y defendernos en todo el sentido de la expresión. Todo lo que ha habido que hacer profesional, legal y económicamente no ha tenido límites y él dice que lo entregará todo para que aquí haya justicia. 
¿Cómo se ha sentido tratado por la justicia? 
Si intento plantearlo de una manera distinta el país se daría cuenta. Ha habido manifestaciones de los jueces que me han atropellado. El hecho de que a mí me hubieran sancionado, me impusieran una multa porque estaba diciendo que a mi hijo lo mataron me parece lo más injusto del mundo. Hoy le digo a ese juez: ¿qué hacemos con la sanción que usted me impuso si se lee lo que acaba de resolver el Tribunal Superior de Bogotá que está admitiendo de una manera clara, precisa, contundente que a mi hijo lo mataron? ¿En donde queda esa sanción?. Invito a una reflexión a ese juez, no sé qué estará pensando. 
Pero ha tenido mucha solidaridad...
Soy lejos de las redes sociales y esas cosas, pero con la situación que estamos viviendo se me dio por abrir una cuenta en Twitter. Eso fue hace dos o tres años, y el martes ya tenía cinco mil seguidores. Hoy ya son 36 mil. Alguien, que no sabemos quién, creó una cuenta en Facebook. Hay como 50 mil que todos los días envían un mensaje o dan una idea. De ahí han salido muchas que se han tenido en cuenta en nuestro propósito de que haya justicia. Inmediatamente se produjo la sentencia del Tribunal en ese fin de semana hubo cantidad de gente hablando y de ahí sacamos provecho. Hay gente, que creemos que tiene estructura, que hace análisis, que tiene conocimiento, pero no se hace pública por cualquier circunstancia y eso lo respetamos. Pero la solidaridad ha sido en todo nivel, en todo sentido. Lo que se pone de presente es que la gente siente que ocurrió algo que no debió haberse presentado nunca, que es injusto y que tiene de por medio una vida humana que apenas estaba empezando a formarse. Y digo yo, sacan esas conclusiones sin haber conocido a Luis ¿qué tal si lo hubieran conocido?. (Parte I)

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