En señal de victoria

Por Hernán Baquero Bracho

Iván Villazón, “el tenor” del vallenato, continua siendo grande entre los grandes. Para los que amamos el folclor vallenato, sentimos una inmensa alegría, con el corazón henchido de emociones que nos salen del alma y de lo más profundo de nuestros corazones, la nueva producción musical del tenor y del rey vallenato Saúl “tuntuneco” Lallemand, que salieron con todo, con unos excelentes arreglos, como todo lo que ellos producen.

Composiciones muy buenas de reconocidos compositores: Omar Geles, Emilianito Zuleta Díaz, Rey de reyes en la canción inédita en el festival vallenato; Jorge “el pitufo” Valbuena, Felipe “pipe” Peláez, Reynaldo “chuto” Díaz, entre otros. Con esta nueva producción musical, que viene a ser como el reencuentro entre ellos, han colocado a los amantes del folclor a brincar en un solo pie y a los “villazonistas” a gritar a todo pulmón, que volvió Villazon y de qué manera, con Lallemand es la pareja musical que hacen de las suyas en este arte que nos sublima y por un momento olvidamos las tristezas y las penas, todo se traslada a una dimensión desconocida, llamada Música Vallenata.



Vallenato del bueno es lo que se está escuchando por estos días. Los vallenatologos manifiestan que mientras Iván Villazón y Saúl Lallemand, estén ahí, se continúa produciendo uno bueno en el tiempo y con las voces de siempre. Ese que no puede desaparecer por culpa de las casas disqueras que en su afán comercial y publicitario, han arrasado en parte con el autentico que esperamos que no desaparezca todavía, mientras existan artistas de la talla de Villazón y Lallemand. Nuestra música continua incólume con su mismo deje, con su misma tropilla de encanto, sus mismos aires musicales, su cadencia en el verso, su arte de señorío de un vallenato autentico que nos lleva a ese pasado glorioso y que inmortalizaron los grandes juglares y que para fortuna de los de hoy, continúan vigentes en el folclor. Por ello un Villazón, un Zuleta, un Zabaleta, un Diomedes, un Oñate, un Celedón, no pueden todavía deponer las armas de sus cantos con el poder de sus voces que mantienen expectantes a miles de fanáticos que vibran al lado de una buena canción y de un excelente cantor. Estos trovadores del vallenato, continúan mas vigentes que nunca y la mal llamada música de “nueva ola” o “tecnovallenato”, no los podrá sepultar y menos catapultar, así las funestas casas disqueras así lo quieran.

Matizar la armonía natural de las canciones vallenatas, sin perjuicio de su estructura fundamental, a través de una tendencia “tecno” puede ser positivo y la historia ha mostrado que en un buen número de casos, ello redundó en un mejor vallenato de mejor divulgación, de mayores posibilidades de expresión artística y más riqueza musical. Otras versiones que abundan, relacionadas en mayor medida con la balada y ritmos internacionales, realmente no son ni tecnovallenato, ni vallenato alternativo, ni nada parecido. ¡Simplemente son basura!

Detrás de la fiebre por experimentar con la Música Vallenata, ó al menos por anuncios que se hizo, puede haber algo más que el sano deseo de innovar para mejorar. En varias situaciones, podría deducirse un cierto afán mercantilista, con la creencia de obtener ventajas competitivas.

“En señal de victoria”, ese sabor en la melodía que le imprimieron Villazón y Lallemand, dan ganas de tocar las palmas y ese pasaje que recuerda nuestra “forma de ser”, son los elementos claves para trascender con los cantos vallenatos. Iván Villazón con esta producción volvió por lo suyo, por su posición en nuestra música, siempre en los primeros lugares. ¡Hay tenor para ratos!

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