En La Guajira, algunos conservadores trabajan duro por la división.

Por: Wilson Alfonso Daza Cárdenas.
El poder político y burocrático que actualmente ostenta el Partido Conservador en Colombia y el éxito publicitario de la desafortunada jornada electoral mediante la cual se eligieron los directorios de esa colectividad en todo el país, tienen a un grupo de copartidarios azules viviendo un verdadero frenesí. Pero, como la exaltación no sólo perturba el ánimo, sino también la sensatez, más de uno anda por ahí celebrando el cuartico de hora de su Partido con la creencia de que basta con tener el respectivo aval para ser alcalde, gobernador, y hasta presidente.

Pues no. Porque una cosa es que hoy se tenga el control de muchas entidades del Estado y el favor del actual Presidente de la República, y otra, muy distinta, es que se cuente con la preferencia del electorado. El momento es propicio, pero si en lugar de aprovecharlo en pro del Partido, se usa para las aspiraciones e intereses personales de líderes rencorosos y excluyentes, el infortunio puede ser devastador.

En La Guajira, el tema ha adquirido un matiz particular porque un par de líderes conservadores tiene como meta aprovechar el momento para acabar por completo con otros líderes conservadores a quienes consideran sus enemigos. ¿Qué tal? En lugar de dedicarse a trabajar para reorganizarse y lograr la unión, han decidido destrozar la colectividad, porque lo que quieren es decir que son los jefes de la casa, aunque lo tengan que hacer parados sobre los escombros.

Sería bueno para La Guajira que los dirigentes de los distintos sectores conservadores crearan espacios para la reconstrucción del Partido en el Departamento. Que se dieran la oportunidad de escucharse; de hacerse reclamos; de aceptar consejos de la dirigencia nacional; y, sobre todo, de elaborar una propuesta. Pero en lugar de plantear un foro, una mesa permanente de concertación, o algo parecido, ese par de líderes recorren los municipios llevando un mensaje de odio y división.


Al parecer, la elección de los directorios a través del voto popular, en La Guajira le trajo buenos resultados a una parte del conservatismo, pero no al Partido Conservador porque a raíz de esa jornada electoral se profundizó la división. Ese mecanismo de elección se encuentra bastante desprestigiado en La Guajira, puesto que aquí la Registraduría no brinda garantías para el juego limpio, tal como quedó demostrado con la elección de gobernador. De manera que, tal vez, no fue la mejor forma de conformar directorios.

Bueno, lo cierto es que en este momento lo que hay es bulla alrededor del Partido Conservador. Mientras tanto el Partido Liberal observa callado y aguarda sentado. Esperemos a ver qué queda cuando pase la algarabía y reine el silencio. Si La Guajira queda con un Partido Conservador fortalecido y lleno de propuestas, será un ejemplo a nivel nacional. Pero si se imponen los gallitos de pelea y se desperdician avales en malos candidatos, tocará ver cómo el liberalismo los coge uno por uno y les parte el cuello.

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