El alcalde

Por: Hernán Baquero Bracho
La elección de alcaldes por el voto popular está contemplada en el artículo 314 de la Constitución Política Nacional. Últimamente la elección de estos ha venido empañada por su eficiencia y eficacia en el cargo, con una inclinación casi siempre hacia lo negativo. ¿Pero donde ha estado la falla? La mayoría de nuestros alcaldes que han sido elegidos en nuestro departamento desde que entró en vigencia la Constitución Política desde el año 1991, se han presentado a la comunidad disfrazados de buena gente, cívicos, otros con una popularidad que se confunden con populismo y de ahí el error del electorado de elegir siempre en la mayoría de los casos a los que no son y dejar por fuera a los más capaces y preparados para el cargo, en otros niveles al personaje que se elige siempre resulta más comprometido con su grupo político que con su pueblo.

¿Qué es un alcalde si no un gerente como de empresa privada que, al frente de los destinos municipales, dirige una actividad con los mismos fines de éxitos administrativo? ¿Qué es un alcalde si no un gerente que tiene que actuar siguiendo las pautas de una junta directiva que en este caso es el Concejo Municipal? ¿Qué es un alcalde si no un gerente que, junto con el Concejo, tiene que responder ante los accionistas que en este caso somos todos los contribuyentes? Además también tiene contralores o personeros municipales que actúan como si fueran revisores o auditores. Por eso es muy importante elegir un buen Concejo Municipal.

¿Qué hace un gerente de una empresa privada si la junta directiva no le colabora? ¡Pues bien! Lo único que debe distinguir a un alcalde, de otro sometido a los políticos sin importarle su compromiso con la colectividad, es el buen éxito de su actuación en pro del orden social, del crecimiento económico, de la productividad, de la competitividad, de la manera eficiente para la prestación de los servicios públicos, de la planificación urbana, del respeto a la vida ciudadana, a los gremios organizados, de los más desprotegidos, de la niñez desamparada, de la calidad educativa de los estudiantes, de lo moral y la ética en su vida pública y privada, del buen comportamiento en la sociedad. La persona que resulte elegido por el voto popular tiene que ser responsable de todos estos compromisos y además de un refrescante cambio social.

Pero insistimos; que un alcalde tiene que ser un funcionario de propósitos firmes y de acción eficaz. Las atribuciones del alcalde, están contemplado en el artículo 315 de la Constitución Política Nacional y debe cumplir con ellas, dentro de sus atribuciones está el de dirigir la acción administrativa del municipio; asegurar el cumplimiento de las funciones y la prestación de los servicios a su cargo; presentar oportunamente al concejo los proyectos de acuerdo sobre planes y programas de desarrollo económico y social, obras públicas, presupuesto anual de rentas y gastos; sancionar y promulgar los acuerdos que hubiere aprobado el concejo (los deberes del concejo están contemplados en el artículo 313 de la Constitución Política); y en el artículo de la misma Constitución está el de vigilar y controlar la prestación de los servicios municipales, así como ejercer las funciones que les deleguen el concejo municipal y otras autoridades locales. ¿Pero si cumplen con todos estos propósitos los alcaldes que elegimos en nuestros municipios? Un alcalde, un buen alcalde ejecutivo es para llevar a cabo obras y mantener las existencias en total acuerdo con su junta directiva. La pregunta final ¿En La Guajira los alcaldes mantienen sinergia y son pro activos con sus concejos municipales?

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